Un grupo de actores entra en el teatro con el propósito de realizar una representación. De repente aparece una voz poderosa y potente, que se identifica como el propio teatro, y que se muestra reticente a que los actores interpreten.
Su ayudante Recaredo, atolondrado y torpón, intercede por los actores y el teatro decide retarles: si los niños lo pasan bien, podrán trabajar en el teatro durante una temporada.
Los niños participan activamente en el espectáculo. En algunas ocasiones son ellos los que proponen la información necesaria para que los actores creen las escenas improvisadas: dan el título de la escena, el lugar, dónde sucederá, lo que están haciendo los personajes o el deseo que tiene el protagonista.