La obra comienza con un prólogo en forma de flash-back, un Hombre representante de la burguesía nos pide una mirada limpia sobre las cosas, que irá desvelando sucesos ocultos a los ojos de sus coetáneos, enfrentamiento con sus propios deseos y perversiones.
En una estrategia expresiva que se ofrece como respuesta a las preguntas planteadas en el comienzo, la muerte nos habla con su lengua de su carne sin palabras, lenguaje de signos. Todo aquello trágico y escondido se sitúa en el lugar de la vida.
La libertad se consigue a través del martirio, a través de la violación de la norma.
'Os lo ruego, sed como esos soldados que han entrado los primeros tras las alambradas de un campo de concentración... Y allí sus ojos... ¡Ah, os lo ruego, sed jóvenes como ellos!'.
Eso es todo, y ahora que os divirtáis.