Nos encontramos ante una propuesta teatral de los 70 de absoluta vigencia en estos momentos en los que, más que nunca, el sistema intenta alienar al individuo, homogeneizarlo con la masa, relegarlo a un papel de pieza no pensante.
El ser humano doblegado al materialismo y aleccionado para que sus gustos se correspondan a lo políticamente correcto, a lo socialmente adecuado, es la corriente ideológica ante la que se revela Havel, con un discurso lleno de ironía, a la vez que con un profundo recorrido dramático.
La incomunicación entre los seres humanos es la clave de Inauguración de Vaclav Havel, incomunicación entre antiguos amigos a los que el sistema sólo les deja sobrevivir polarizando sus conductas.
El autor muestra al espectador, al que el teatro debe seguir espoleando a la vez que divirtiendo por medio de funciones como ésta, una situación en la que los personajes se han olvidado de quienes son imbuidos de la propaganda a favor y en contra del sistema, olvidando también quién es el otro que tienen enfrente.
Ocurre en Checoslovaquia años setenta, en una zona acomodada de Praga, la capital del estado anteriormente satélite de la ya desaparecida URSS. Una pareja, Vera y Michal, invita a un viejo amigo a que comparta con ellos una velada en su recién reformada casa. El feliz matrimonio trata de agasajar y complacer a su invitado, así como demostrarle la abundancia material de la que disfrutan, gracias a la posición social que han alcanzado y a su acertada decisión de no oponerse al régimen pseudodictatorial en el que se encuentra sumido el país.
Durante la accidentada reunión los amigos pasan revista a sus respectivas situaciones vitales, y se confían sus reflexiones sobre la familia, la amistad, el sexo, el orden social y político, cerciorándose del profundo desencuentro al que han llegado, situando el tema de la incomunicación, a la que los antiguos amigos se enfrentan en medio de un régimen opresor que los deshumaniza, en el eje temático de la función.
El amigo invitado, Bedrich, tras un inicial recibimiento cálido llega a ser objeto de un aleccionamiento sistemático por parte de los anfitriones a través del cual el autor deja continuamente preguntas en la mente del espectador a cerca de la responsabilidad individual del ser humano en la sociedad moderna, siempre sembrado del humor absurdo, irónico y en momentos surreal, herencia de los grandes del teatro contemporáneo europeo, y que introduce el distanciamiento preciso que deja la puerta abierta en la mente del espectador a la reflexión.
En definitiva, una reflexión, del que llegó a ser presidente de la Republica Checa, en momentos dura y en momentos absurda e irónica, sobre el individualismo del mundo que nos rodea y las distintas posturas ideológicas entre las que todos nos hemos debatido alguna vez, y que continúa, más que nunca, vigente en estos inicios del siglo XXI.
Tres actores y un texto, nada más y nada menos. Un profundo compromiso actoral con la esencia de la propuesta de Havel, y una dirección que juega con los elementos que el trabajo con los actores y la sencillez escenográfica ofrecen, esos son las señas de identidad de la propuesta.
Javier Ruiz de Alegría