Un ser humano en los confines de la vida es el lugar de estas apariciones, estos jirones de historia. Una historia cotidiana de éxodos, anegada de miedos y tristeza.
Una madre que acompaña hasta la última estación de su calvario al hijo, que agoniza junto a él y muere tres días más tarde. Su fragilidad, el extravío en el propio destino son los cimientos de este personaje real, Doña Ana Ruiz, que vivió en sus propias carnes, personificada en sus hijos, el trágico desgarro de las dos Españas.
En este recorrido que proponemos por el Teatro de La Puerta Estrecha, convertidos sus rincones en un escenario que a la vez son muchos y en donde el público cruza puertas y pasillos siguiendo la acción de las escenas pegado a los personajes.
Van apareciendo retazos de recuerdos y algunos silencios que parecen olvidos pero que sólo son tiempos para reordenar vivencias, olores, imágenes de una vida en su final que Ana Ruiz, madre de Antonio Machado, ya presiente muy cercano, insalvable.
En Este sol de la infancia, entrevemos a madre e hijo no desde lo biográfico o lo necrológico sino trashumando momentos desde las dehesas de invierno a las de verano y viceversa, hasta llegar a la última frontera, esa que se cruza sin quererlo, casi sin darnos cuenta, viendo pasar los días que se despiden, dejando el eco, el rumor de otros días.
En Este sol de la infancia hay sombras de vida, afanes de otros tiempos, corazones despiertos viviendo y soñando, despertando…