Después de casi tres años de barbecho creativo, El Puchero del Hortelano vuelve a sorprender con un disco hecho con mimo, con oficio, y sobre todo, con 11 grandes canciones llenas de matices con las que dejan claro que siguen teniendo esa pasmosa facilidad para crear himnos de tres minutos.
Sus canciones dejan entrever el amor por lo cotidiano, por la ambigüedad fácil y difícil del juego de la vida, de la familia, la amistad, las relaciones de pareja... las cosas a las que se les suele cantar, solo que a ellos te los crees.
Hay una tremenda naturalidad en la forma en que Antonio te cuenta las cosas; en sus letras y en su voz, que se mueve con soltura entre el drama y la comedia, recreando historias, exponiendo dilemas, desnudando sentimientos o resolviendo dudas sin grandes artificios, junto a unos músicos que dibujan con su buen hacer los escenarios adecuados y mueven los hilos de la tramoya al ritmo que los temas demandan, aportando el sello de autenticidad que otorga el tiempo y la experiencia a las bandas que aguantan los suficientes asaltos.