Un grupo de jóvenes explora la vida: el amor, la moral, la ambición, el sexo... y se enreda en sus jugadas. ¿Cómo ser adulto en una sociedad plagada de incertidumbre? Aunque El mal de la juventud se sitúa en Viena pocos años después de la Primera Guerra Mundial, la idea de una generación perdida resulta cercana.
Escrita con precisión de bisturí, la obra refleja en el microcosmos de una casa de estudiantes de Medicina el espíritu de la época: por fuera, el derroche hedonista; por dentro, la putrefacción.
El autor es uno de los más representativos de su tiempo, con una marcada influencia de Freud, Nietzsche y el expresionismo. El estreno original fue bajo seudónimo, provocando una enorme curiosidad por identificar a este talento rompedor.
La puesta en escena es de Andrés Lima, que ya protagonizó El libertino y dirigió Argelino, servidor de dos amos.