Sobre los tejados de La Habana, al caer el sol, los fantasmas retoman su diario vagar, recordando, fantaseando e incluso, a veces, influyendo sobre la vida de los vivos.
Hay fantasmas que no creen que lo son, otros que no lo saben. Los hay hidalgos españoles, y también jugadores de beisbol. Los hay que se preguntan “¿qué pasó? Los hay enfadados y enamorados, pero todos decidieron quedarse una eternidad sobre los tejados de La Habana, y sobre ellos, las auras tiñosas les observan.
Es una historia divertida, cálida y sensual. El resto es sorpresa...